DICCIONARIO MÉDICO
Parche aórtico
Un parche aórtico es un fragmento de material sintético o biológico que el cirujano sutura sobre una incisión en la aorta para ampliar un segmento estrechado, cerrar la pared tras extirpar un aneurisma o reforzar una zona dañada. No es un tipo de enfermedad, sino un recurso técnico dentro de la cirugía vascular y cardíaca. El nombre continúa el sentido literal de la palabra parche: un trozo de material que se superpone a una superficie para taparla o repararla, aplicado aquí sobre la aorta, la arteria de mayor calibre del organismo. Un injerto tubular sustituye un segmento completo del vaso; el parche, en cambio, solo ocupa una porción de la circunferencia. Se abre la pared aórtica con una incisión longitudinal y se cose el material a los bordes, de manera que el diámetro interno queda ampliado sin necesidad de seccionar y unir de nuevo el vaso por completo. La técnica se emplea en tres contextos principales: la ampliación de un segmento estenótico, como ocurre en la coartación aórtica; el cierre de la arteriotomía tras la resección de un aneurisma o de un segmento disecado; y, ocasionalmente, la reconstrucción de defectos congénitos del cayado aórtico. Los parches sintéticos más utilizados son el dacrón (un poliéster tejido) y el politetrafluoroetileno (PTFE), valorados por su resistencia y su buena tolerancia por el organismo. Frente a ellos, el dacrón forma haces densos de fibras de tereftalato de polietileno, mientras que el PTFE es menos distensible, una propiedad que en su día se buscó deliberadamente para intentar reducir la incidencia de dilataciones tardías en la zona reparada. Como alternativa biológica está el pericardio bovino o autólogo, cuya elasticidad se aproxima más a la del tejido aórtico nativo aunque su capacidad de estiramiento máximo es, en cualquier caso, inferior a la de la aorta sana. En cirugía pediátrica se recurre también a un colgajo de la propia arteria subclavia, que crece con el niño, y en algunos centros se ha empleado incluso duramadre como material de sutura alternativo. La reparación quirúrgica de la coartación aórtica se inició en 1944, cuando Crafoord y Nylin describieron la resección del segmento estrechado con anastomosis término-terminal directa, sin necesidad de ningún material añadido. El propio éxito de esa técnica reveló su límite: con el crecimiento del paciente, la sutura circular tendía a estrechar de nuevo la aorta. Para reducir esa recoartación, Vosschulte propuso en 1961 la aortoplastia con parche, que amplía la luz del vaso interponiendo un fragmento de material en lugar de suturar los dos extremos entre sí. Ninguna de las alternativas a la anastomosis directa está libre de riesgo a largo plazo. Los aneurismas y pseudoaneurismas del punto de sutura aparecen, según las series, entre el 1 % y el 9 % de los pacientes operados de coartación, casi siempre entre los seis y los dieciséis años posteriores a la cirugía. La técnica que con más frecuencia se asocia a esta complicación es precisamente la aortoplastia con parche, con cifras que oscilan entre el 6,5 % y el 28 % según el material utilizado; le siguen el colgajo de subclavia, la interposición de un tubo protésico y, por último, la anastomosis término-terminal, la opción con menos complicaciones tardías descritas. El dacrón, en particular, se ha relacionado con más dilataciones tardías que el PTFE en la reparación de la coartación, lo que llevó a buena parte de los cirujanos a preferir este último material desde finales del siglo pasado. En las pruebas de imagen, el injerto sintético se distingue de la pared aórtica nativa por su densidad: aparece ligeramente hiperdenso sin contraste y, tras la inyección de contraste, más hipodenso que la luz del vaso. Porque cumple, sobre la pared del vaso, la misma función que un parche cutáneo o textil: cubrir y ampliar una superficie dañada o estrecha sin sustituirla por completo. Puede ser sintético, de dacrón o de politetrafluoroetileno, o biológico, de pericardio bovino, pericardio autólogo o, en niños, de un colgajo de la propia arteria subclavia del paciente. La elección depende de la edad, de la localización de la lesión y del criterio del equipo quirúrgico. No. El injerto tubular sustituye un segmento entero de la aorta y se ancla mediante dos suturas circulares, una a cada extremo. El parche solo cubre una parte de la circunferencia del vaso y se sutura a lo largo de una incisión longitudinal, conservando el resto de la pared original. El principal es la formación de un aneurisma o un pseudoaneurisma en la zona reparada, con una incidencia que varía mucho según el material y la técnica: del orden del 7 % de media tras aortoplastia con parche en niños operados de coartación, aunque algunas series con dacrón han descrito cifras próximas al 13 %. Por eso el seguimiento por imagen a largo plazo forma parte habitual del control de estos pacientes. La aortoplastia con parche la describió Vosschulte en 1961, como una evolución de la anastomosis término-terminal que Crafoord y Nylin habían introducido en 1944 para la misma enfermedad.Qué es un parche aórtico
Materiales empleados
Antecedentes históricos
Perfil de complicaciones y diferenciación con otras técnicas
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama "parche" a este material?
¿De qué está hecho un parche aórtico?
¿Es lo mismo un parche aórtico que un injerto tubular?
¿Qué riesgo tiene a largo plazo un parche aórtico?
¿Cuándo empezó a usarse esta técnica?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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