DICCIONARIO MÉDICO
Retinografía
La retinografía es la fotografía del fondo de ojo: una imagen de la retina, la papila óptica y los vasos retinianos obtenida con una cámara especializada, sin introducir ningún instrumento dentro del ojo. Una retinografía documenta en una sola imagen lo que el oftalmólogo ve al explorar el fondo de ojo: el disco óptico, la mácula, las arcadas vasculares y la periferia retiniana hasta donde alcance el ángulo de la cámara. No debe confundirse con la retinoscopia, una prueba que mide el error de refracción del ojo y no tiene relación con fotografiar la retina, más allá de compartir la raíz del nombre. El aparato, llamado retinógrafo o cámara de fondo de ojo, funciona según el principio de la oftalmoscopia indirecta monocular: un sistema óptico de baja potencia con una cámara incorporada que capta la luz reflejada por el fondo del ojo a través de la pupila. El resultado es una imagen bidimensional en color, comparable de una visita a otra, que queda archivada. La primera fotografía de una retina humana viva se tomó en 1886. Ese año, el oftalmólogo estadounidense Lucien Howe obtuvo una imagen de calidad pobre y con artefactos, tras una exposición de unos diez minutos que exigía al paciente mantener el ojo completamente inmóvil. El mismo año, de forma independiente, William Thomas Jackman y John D. Webster publicaron su propia fotografía de fondo de ojo en la revista Philadelphia Photographer. El invento tardó en salir del laboratorio. En 1899, Walter Thorner diseñó para la casa Emil Busch dos nuevos oftalmoscopios, uno monocular y otro binocular, y en 1905 Zeiss presentó, de la mano de Friedrich Dimmer, un oftalmoscopio con cámara fotográfica integrada. La primera cámara de fondo de ojo comercializada llegó en 1925, también de Zeiss. El flash se incorporó en 1953. Nada de esto era todavía diagnóstico por imagen en el sentido moderno: eran, sobre todo, documentación fotográfica. La técnica ganó capacidad diagnóstica real por dos vías distintas a partir de los años sesenta. En 1961, Harold Novotny y David Alvis publicaron el método para fotografiar la fluoresceína circulando por los vasos de la retina, el origen de la angiografía con fluoresceína, una prueba emparentada pero distinta de la retinografía porque exige inyectar un contraste. En 1965, Robert Behrendt aplicó por primera vez luz monocromática a la fotografía de fondo de ojo, lo que abrió la puerta a las variantes con filtros que se generalizarían en los años setenta con los trabajos de François Delori y Norman Ducrey. Los sistemas de imagen digital llegaron en los años ochenta y transformaron la obtención, el procesado y el envío de las imágenes. La retinografía en color sigue siendo la más habitual, pero no la única. La fotografía con filtros monocromáticos aísla estructuras concretas según la longitud de onda: con el filtro azul se distingue mejor la interfase entre la retina y el vítreo, el verde resalta la vascularización y, con el rojo, la luz llega hasta la coroides. La autofluorescencia, sin necesidad de contraste, revela acumulaciones como las drusas del disco óptico. Y desde hace algunas décadas existen retinógrafos de campo amplio, capaces de capturar en una sola toma una porción de retina periférica muy superior a la de una cámara convencional. También se distingue entre cámaras midriáticas, que requieren dilatar la pupila con colirio, y no midriáticas, pensadas para el cribado poblacional porque no necesitan dilatación y permiten explorar a más pacientes en menos tiempo, aunque a costa de un campo de visión algo más reducido. La retinografía comparte objetivo con otras técnicas del fondo de ojo, pero no procedimiento. La angiografía con fluoresceína inyecta un colorante en una vena del brazo y fotografía su paso por la circulación retiniana, por lo que documenta el flujo sanguíneo, no solo el aspecto de la retina. La tomografía de coherencia óptica no es una fotografía en absoluto: genera cortes transversales de la retina capa por capa mediante luz infrarroja, allí donde la retinografía ofrece una vista de superficie. Las tres técnicas se complementan en la práctica oftalmológica habitual. No. La retinografía fotografía la retina tal cual es; la angiografía fotografía cómo circula por ella un colorante inyectado en vena. Comparten cámara, pero no la información que ofrecen ni la preparación que exigen. Depende del equipo. Las cámaras midriáticas clásicas necesitan colirio dilatador, con la consiguiente visión borrosa temporal; las cámaras no midriáticas, cada vez más usadas en cribado, obtienen imágenes útiles sin dilatar. Lucien Howe, en 1886, con una exposición de unos diez minutos y bastantes artefactos. Ese mismo año, Jackman y Webster publicaron por separado su propia fotografía de fondo de ojo. No. Es indolora. El único efecto molesto, cuando se dilata la pupila, es la mayor sensibilidad a la luz y la visión borrosa de cerca durante unas horas.Qué es la retinografía
Historia: de la placa fotográfica a la cámara digital
Variantes de la técnica
Diferenciación con otras pruebas de imagen ocular
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo que una angiografía con fluoresceína?
¿Hace falta dilatar la pupila para la prueba?
¿Quién hizo la primera fotografía de una retina humana?
¿Duele la prueba?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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