DICCIONARIO MÉDICO
Rosácea
La rosácea es una dermatosis inflamatoria crónica que asienta en el centro de la cara y cursa con enrojecimiento persistente, episodios de rubor exagerado y, según el caso, vasos dilatados visibles, pápulas, pústulas o engrosamiento cutáneo. Suele confundirse con el acné porque en algún momento de su historia se clasificó como una variedad suya, un error que tardó más de un siglo en corregirse. El nombre procede del latín rosaceus, "de color de rosa", derivado a su vez de rosa. Describe con bastante fidelidad el signo más visible de la enfermedad: un enrojecimiento facial que recuerda al tono de esa flor. Se trata de una dermatosis facial crónica, no de una infección ni de un trastorno alérgico, y su curso alterna fases de mayor y menor actividad a lo largo de años. Suele empezar como un enrojecimiento difuso de mejillas, nariz, mentón y frente, la llamada zona centrofacial. Ese primer estadio, cuando es constante y no se distinguen vasos aislados, recibe su propio nombre en el diccionario: eritrosis. Cuando los capilares dilatados se hacen visibles como trazos finos, el cuadro se conoce como cuperosis, término que remite a su vez al signo elemental que la define, la telangiectasia. La descripción clínica de la rosácea es antigua. El cirujano francés Guy de Chauliac ya la mencionó en el siglo XIV con el nombre de gutta rosacea, y en el XVI Ambroise Paré empleó la misma denominación para referirse a lo que llamaba, sin rodeos, "cara ardiente". El término acne rosacea apareció impreso a comienzos del siglo XIX en la obra del dermatólogo inglés Thomas Bateman, quien la incluyó como una variedad más del acné. Esa clasificación, aunque errónea, tuvo un recorrido largo: durante todo el siglo XIX se enseñó y se escribió sobre la "acné rosácea" como si fuera una sola entidad. En 1834 el médico Robert Macnish llegó a vincular explícitamente la afección con el consumo de alcohol en su libro Anatomy of Drunkenness, una asociación cultural (el mito de la "nariz de bebedor") que ha sobrevivido mucho más tiempo que cualquier base científica que la sostenga. La separación definitiva entre el acné vulgar y la rosácea llegó de la mano de dos escuelas dermatológicas europeas: la vienesa, con Ferdinand von Hebra, y la francesa, con Jean Darier. A partir de su trabajo quedó claro que se trata de dos enfermedades distintas, con causas y cursos diferentes, aunque el nombre heredado ("rosácea", sin más) tardó en imponerse sobre "acné rosácea" en el uso corriente. La causa exacta se desconoce. Ninguna de las teorías propuestas explica por sí sola todos los casos, y es más probable que actúen varias a la vez. Se ha descrito una respuesta vascular anómala de la piel facial, con episodios de vasodilatación que se prolongan más de lo normal; una alteración de la inmunidad innata que favorece la inflamación ante estímulos banales; y la posible implicación de microorganismos que colonizan la piel del rostro, entre ellos el ácaro Demodex, cuya relación con la enfermedad se desarrolla con más detalle en la entrada dedicada a la demodicidosis. El calor, la exposición solar, el alcohol, las comidas picantes y el estrés no causan la enfermedad, pero desencadenan o agravan los brotes con facilidad. En 2002, un comité de expertos reunido por la National Rosacea Society estadounidense propuso una clasificación en cuatro subtipos que durante quince años fue la referencia obligada: eritematotelangiectásica (enrojecimiento y vasos visibles), papulopustulosa (con las lesiones descritas en la entrada papulopustulosa), fimatosa (engrosamiento nodular de la piel, cuya forma nasal se conoce como rinofima) y ocular. Se añadieron además dos variantes raras, la granulomatosa y la fulminans. Ese esquema tenía un problema práctico: muchos pacientes presentaban rasgos de varios subtipos a la vez, o pasaban de uno a otro con el tiempo. En 2017 un panel internacional conocido como ROSCO propuso sustituirlo por un enfoque fenotípico, que describe cada caso por la combinación de signos que presenta en lugar de encajarlo en una categoría cerrada. El cambio no anuló la clasificación de 2002, que se sigue usando en la práctica y en la bibliografía, pero sí desplazó el foco hacia el fenotipo individual. El acné vulgar comparte con la rosácea las pápulas y pústulas, pero no los comedones: la rosácea nunca los presenta, y su ausencia es de hecho uno de los criterios que la distinguen. El lupus eritematoso puede producir un eritema en alas de mariposa muy parecido a primera vista, aunque respeta los pliegues nasogenianos (la rosácea, no), rara vez se acompaña de pústulas y suele ir de la mano de síntomas generales como fatiga o dolor articular que la rosácea no provoca. La dermatitis perioral se limita, como su nombre indica, a la zona alrededor de la boca, sin afectar mejillas ni nariz. La dermatitis seborreica produce escamas grasas en cejas y cuero cabelludo y se debe a la levadura Malassezia; la rosácea, en cambio, se relaciona más bien con el Demodex. Afecta sobre todo a personas de entre 30 y 50 años. La National Rosacea Society calcula en 14 millones el número de personas afectadas solo en Estados Unidos, y en Europa las estimaciones de prevalencia oscilan entre el 1,5 y el 10 % de la población, según el país y los criterios diagnósticos empleados. Es más frecuente en mujeres, aunque las formas fimatosas, con diferencia, predominan en varones. Casi un tercio de los pacientes refiere antecedentes familiares de la enfermedad. No, aunque durante buena parte del siglo XIX se consideró así. Son dos enfermedades distintas: la rosácea no presenta comedones y su origen nada tiene que ver con la unidad pilosebácea que sí está alterada en el acné. Puede desencadenar un brote en quien ya la padece, pero no la causa. La creencia de que el enrojecimiento nasal delata al bebedor se remonta al menos a 1834, cuando Robert Macnish la formuló por escrito, y ha demostrado ser mucho más resistente que cualquier evidencia que la respalde. Solo una minoría de los pacientes con rosácea llega a desarrollarlo, y cuando ocurre suele ser tras años de evolución. Es la manifestación más visible del subtipo fimatoso, no su desenlace obligado. La de 2002 dividía la rosácea en cuatro compartimentos cerrados; la de 2017 describe cada caso por los signos que reúne, sin obligarlo a encajar en uno solo. Ambas conviven hoy en la práctica clínica. Consulte también la información clínica completa sobre la rosácea Si busca información sobre los síntomas, el diagnóstico y las opciones de tratamiento de esta enfermedad, puede consultar la página de rosácea elaborada por el Servicio de Dermatología de la Clínica Universidad de Navarra.Qué es la rosácea
Un siglo de confusión con el acné
Por qué aparece
Clasificación
Diferenciación con otras dermatosis faciales
Epidemiología
Preguntas frecuentes
¿La rosácea es una forma de acné?
¿El alcohol provoca rosácea?
¿Todas las personas con rosácea acaban con rinofima?
¿Qué distingue la clasificación de 2002 de la de 2017?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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