DICCIONARIO MÉDICO
Roseta T
La roseta T es la variante de la prueba de roseta que identificaba linfocitos T por su capacidad de unirse, de forma espontánea y sin necesidad de anticuerpo, a hematíes de oveja. También se conoce como roseta E, por el eritrocito que forma la corona alrededor del linfocito. A la roseta, en su variante para linfocitos T, se la conoce también como roseta E, sigla de eritrocito. No requiere sensibilizar previamente el hematíe con anticuerpo ni con complemento, como sí exigen las variantes que identifican linfocitos B: basta con poner en contacto linfocitos y hematíes de oveja sin tratar para que una parte de ellos se una de manera espontánea, dibujando la corona característica al microscopio. Ese carácter espontáneo fue precisamente lo que llamó la atención de los primeros observadores del fenómeno. El hallazgo se fue perfilando entre 1969 y 1971. Bach describió en 1969 una inhibición de la formación de rosetas por sueros antilinfocitarios; Coombs y su equipo, al año siguiente, demostraron que el fenómeno no dependía de receptores para inmunoglobulinas, descartando así una explicación que en ese momento parecía razonable. Lay, Mendes, Bianco y Nussenzweig cerraron la secuencia en 1971, en Nueva York, al confirmar que la proporción de linfocitos capaces de formar roseta E coincidía con la de los linfocitos de origen tímico. Quedó así establecida una prueba sencilla y barata para contar linfocitos T sin necesidad de anticuerpos específicos, que por entonces todavía no existían. Durante más de una década se desconoció qué molécula de la superficie del linfocito mediaba esta unión. La respuesta llegó con la identificación de la molécula CD2, también llamada T11: una glucoproteína presente en prácticamente todos los linfocitos T maduros y en los timocitos, capaz de unirse a estructuras de la membrana del hematíe de oveja. Con el tiempo se comprobó, además, que la propia rosetización con hematíes de oveja modificaba de forma transitoria la respuesta del linfocito T frente a otros estímulos, un efecto secundario de la técnica que sus creadores no habían previsto. Conviene no confundir la roseta T con la roseta B. Esta última necesita hematíes recubiertos de anticuerpo, y en su variante EAC también de complemento, mientras que la roseta T se forma sin ninguno de los dos. El receptor implicado tampoco coincide: CD2 en un caso, receptores para el fragmento Fc de las inmunoglobulinas o para el complemento en el otro. Son, en la práctica, pruebas complementarias que en su día se aplicaban juntas sobre la misma muestra para calcular la proporción de linfocitos T y B. Hoy la identificación de linfocitos T se realiza mediante citometría de flujo, con anticuerpos monoclonales dirigidos contra marcadores como el CD3, presente en el complejo receptor de la célula T. La roseta T conserva, no obstante, cierto interés histórico: fue durante casi dos décadas la única forma práctica de aislar y cuantificar esta población celular en un laboratorio clínico ordinario. Por el eritrocito (hematíe) que se une espontáneamente al linfocito T, sin necesidad de sensibilizarlo con ningún anticuerpo. El receptor CD2, también denominado T11. Es una glucoproteína de membrana propia de los linfocitos T y de sus precursores en el timo, y con el tiempo se descubrió que participa además en la transmisión de señales de activación celular. No. Basta con hematíes de oveja sin tratar y una incubación a baja temperatura, lo que explica por qué la técnica se extendió con tanta rapidez en los laboratorios de los años setenta, cuando los anticuerpos monoclonales todavía no existían.Qué es la roseta T
El receptor implicado
Diferenciación y vigencia
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama también roseta E?
¿Qué molécula del linfocito T interviene en la unión?
¿Se necesita algún reactivo especial para hacer la prueba?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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