DICCIONARIO MÉDICO
Sebo
El sebo es la mezcla de lípidos que producen las glándulas sebáceas de la piel, compuesta sobre todo por triglicéridos, ésteres de cera, escualeno y ácidos grasos libres, cuya función principal es lubricar e impermeabilizar la superficie cutánea y el tallo del pelo. Su producción depende en gran medida de los andrógenos, de modo que varía con la edad, el sexo y la zona del cuerpo. En su acepción más antigua, sebo designaba la grasa animal endurecida que se derretía para fabricar velas y jabones. La Real Academia Española sigue recogiendo ese significado en primer lugar y hace derivar la palabra del latín sebum. La dermatología tomó prestado el término para nombrar una sustancia distinta: la secreción grasa de las glándulas sebáceas humanas, que no guarda relación química con el sebo industrial más allá del nombre compartido. Cada glándula sebácea fabrica su producto por secreción holocrina. Los sebocitos se cargan de lípidos a medida que maduran y acaban desintegrándose por completo, de forma que la célula entera (membrana, núcleo y orgánulos incluidos) pasa a formar parte de la secreción. Pocas glándulas exocrinas del cuerpo funcionan de un modo tan radical. Durante el último trimestre de la vida intrauterina, estas mismas glándulas producen el vérnix caseoso, la sustancia blanquecina y cerosa que recubre la piel del feto y lo protege del líquido amniótico. Nada más nacer, su actividad cae en picado y no vuelve a activarse con fuerza hasta la pubertad. La composición exacta varía según el estudio y el método de extracción empleado, pero una referencia clásica de fisiología cutánea describe el sebo recién sintetizado como una mezcla de ceras (en torno al 25 % del total), triglicéridos (60 %) y escualeno (15 %); a esa mezcla se suman después, ya en la superficie de la piel, los ácidos grasos libres y el colesterol propios de la epidermis. El escualeno y los ésteres de cera son casi exclusivos de esta secreción: apenas se encuentran en otros tejidos del organismo humano. Esa peculiaridad química permite, entre otras cosas, identificar restos de sebo en muestras biológicas con técnicas analíticas. Por zonas del cuerpo, la densidad de glándulas sebáceas cambia mucho. En la cara y el cuero cabelludo puede haber entre 400 y 900 por centímetro cuadrado; en el tronco la cifra baja de forma notable, sobre todo hacia las extremidades. Palmas de las manos y plantas de los pies carecen por completo de ellas, igual que del vello que normalmente las acompaña. Detrás de esa producción hay, sobre todo, una hormona: la actividad de las glándulas sebáceas depende de los andrógenos, presentes en mayor cantidad en el organismo masculino pero también producidos por el femenino. La secreción es mínima durante la infancia, se dispara con la pubertad (y con ella el acné adolescente) y tiende a reducirse de nuevo a partir de la quinta o sexta década de vida. La función más citada del sebo es formar, junto con el sudor y los lípidos propios de la epidermis, una fina película sobre la piel que retiene agua y dificulta la entrada de sustancias externas. El ácido linoleico y el propio escualeno le añaden cierta actividad antimicrobiana. No es, sin embargo, el único factor que mantiene a raya las infecciones cutáneas: el pH ácido de la superficie y la microbiota residente hacen su parte. Menos conocido es su papel como vehículo. Un estudio publicado en la revista Der Hautarzt documentó que las glándulas sebáceas transportan vitamina E desde la sangre hasta la superficie cutánea, y que las concentraciones más altas de este antioxidante liposoluble aparecen precisamente en las zonas con más glándulas sebáceas, como la cara. Conviene no confundir el sebo con la grasa subcutánea, el tejido adiposo que se acumula bajo la piel: son de origen celular distinto, cumplen funciones distintas y no guardan relación metabólica directa entre sí. Tampoco debe confundirse con el sudor, la secreción acuosa de las glándulas sudoríparas ecrinas. Sebo y sudor se mezclan en la superficie cutánea para formar lo que en dermatología se llama película hidrolipídica. Cuando la producción de sebo se dispara de forma patológica, el término que la nombra ya no es sebo sino seborrea, una entidad con desarrollo propio en este diccionario. Comparten origen. Los dos vienen del latín sebum, la grasa animal endurecida que servía para fabricar velas y jabón. La dermatología tomó la palabra prestada para nombrar una secreción distinta, con otra composición química, pero con una idea común detrás: una sustancia grasa que protege. No exactamente. Todo el mundo produce sebo: es la cantidad, no la presencia, lo que define la piel grasa. Cuando esa producción se dispara de forma anómala se habla ya de seborrea, un término distinto con su propia entrada en este diccionario. Sí. Contribuye a la impermeabilización, transporta vitamina E hacia la superficie cutánea y aporta cierta protección antimicrobiana gracias al ácido linoleico y al escualeno. También interviene en la termorregulación: mezclado con el sudor, retrasa la evaporación en ambientes calurosos. Por los andrógenos. Los niveles de estas hormonas suben con fuerza en la pubertad, y las glándulas sebáceas responden multiplicando su actividad. El fenómeno se invierte con los años: pasada la madurez, la producción vuelve a bajar poco a poco.Qué es el sebo
Composición y producción
Función en la piel
Diferenciación con otras secreciones y tejidos
Preguntas frecuentes
¿Por qué el sebo de la piel y el sebo de las velas se llaman igual?
¿Es lo mismo tener la piel grasa que producir sebo?
¿El sebo sirve para algo más que lubricar la piel?
¿Por qué se produce más sebo en la pubertad?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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