DICCIONARIO MÉDICO

Temperamento

El temperamento es el conjunto de tendencias innatas y biológicamente determinadas que rigen la manera en que una persona reacciona emocionalmente ante los estímulos del entorno, presente desde los primeros meses de vida y relativamente estable a lo largo de los años. Es la capa más temprana de la personalidad, distinta del carácter, que se construye después por aprendizaje y experiencia.

Qué es el temperamento

La palabra procede del latín temperamentum, "mezcla adecuada" o "combinación en la debida proporción", derivado a su vez de temperare, "mezclar en la proporción correcta". No es casualidad que la Real Academia Española conserve todavía, entre sus acepciones, una de raíz biológica: "constitución particular de cada individuo, que resulta del predominio fisiológico de un sistema orgánico". Esa formulación recoge, en esencia, la misma idea que dio origen a la palabra hace dos mil años.

En su sentido psicológico y psiquiátrico actual, el temperamento designa las diferencias individuales, presentes ya en la infancia temprana, en la reactividad emocional, la intensidad de las respuestas y la capacidad de autorregularlas. El carácter, en cambio, se moldea con la educación y la experiencia; el temperamento conserva un componente hereditario importante y cambia poco con los años.

Del temperamento humoral a la psicología constitucional

La idea de que el cuerpo determina el ánimo es antigua. Hipócrates, en el siglo V antes de Cristo, formuló la doctrina de los cuatro humores (sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema), y Galeno la convirtió dos siglos después en una auténtica teoría del carácter en su tratado De temperamentis. De ahí nacieron los cuatro temperamentos clásicos que todavía sobreviven en el lenguaje corriente: el sanguíneo, el colérico, el melancólico y el flemático. El nombre mismo de temperamento remite a esa doctrina: una buena salud dependía de mantener los cuatro humores bien mezclados, en la proporción correcta.

Esa teoría perdió vigencia con el avance de la fisiología moderna, aunque la pregunta que planteaba (si el cuerpo condiciona el temperamento) resurgió con fuerza en el siglo XX. El psiquiatra alemán Ernst Kretschmer, en 1921, propuso una tipología que vinculaba la constitución corporal con la personalidad, de la que nacieron términos como esquizotimia. Poco después, el estadounidense William Sheldon desarrolló un sistema paralelo con tres somatotipos y sus correspondientes temperamentos, entre ellos el cerebrotónico. Ambos modelos gozaron de gran popularidad durante décadas, aunque su base empírica resultó, con el tiempo, bastante más débil de lo que sus autores creyeron.

Modelos dimensionales actuales

La investigación contemporánea abandonó los tipos fijos en favor de dimensiones que varían de forma continua. El modelo más influyente en psiquiatría es el que propuso en 1993 el psiquiatra Claude Robert Cloninger, que distingue cuatro dimensiones temperamentales: la búsqueda de novedad (tendencia a explorar estímulos nuevos y a la impulsividad), la evitación del daño (predisposición a la cautela y la anticipación del peligro), la dependencia de la recompensa (sensibilidad a las señales sociales de aprobación y afecto) y la persistencia (capacidad de mantener una conducta pese a la fatiga o la falta de refuerzo inmediato).

Cloninger completó su modelo con tres dimensiones de carácter (autodirección, cooperatividad y autotrascendencia), que desarrolla con más detalle la entrada dedicada al carácter de este diccionario. Las dimensiones temperamentales son heredables y aparecen pronto en la vida; las de carácter maduran más tarde, ya en la edad adulta, y deben buena parte de su forma final al aprendizaje social.

Un enfoque distinto, centrado en la infancia, es el que abrieron en 1956 los psiquiatras Alexander Thomas y Stella Chess con el Estudio Longitudinal de Nueva York. A partir de entrevistas con los padres de más de cien niños, identificaron nueve dimensiones temperamentales (nivel de actividad, ritmicidad, aproximación o retirada ante lo nuevo, adaptabilidad, intensidad de las reacciones, umbral sensorial, calidad del estado de ánimo, distracción y persistencia) y, a partir de ellas, tres perfiles amplios: el niño fácil, en torno al 40 % de la muestra; el difícil, un 10 %; y el de activación lenta, un 15 %. El resto no encajaba con nitidez en ninguna de las tres categorías.

Base biológica y estabilidad

Los estudios con gemelos sitúan la contribución genética a las diferencias de temperamento en un rango amplio, entre el 40 % y el 60 % de la variabilidad observada, según las estimaciones que maneja la literatura desde los años noventa. Esa cifra no implica que el ambiente no cuente: la crianza, el vínculo afectivo y las experiencias tempranas modulan cómo se expresa una predisposición, aunque no suelen alterar su núcleo.

La estabilidad del temperamento no es absoluta. Los rasgos más ligados a la reactividad, como la irritabilidad en la primera infancia, tienden a persistir con fuerza; otros se atenúan o se reorganizan a medida que maduran los circuitos de autorregulación del sistema nervioso central. Un niño reactivo a los cuatro meses tiene, con todo, más probabilidades de mostrarse inhibido o cauteloso a los dos años que uno tranquilo desde el principio.

La personalidad resulta, en los modelos psicobiológicos actuales, de la combinación de ambas capas: el temperamento aporta el sustrato emocional de base, y el carácter, la manera en que ese sustrato se organiza en un proyecto de vida coherente.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra temperamento?

Del latín temperamentum, "mezcla en la debida proporción", derivado del verbo temperare. La palabra llegó a la psicología a través de la medicina antigua, que explicaba el carácter de una persona por el equilibrio de sus humores corporales.

¿Es lo mismo temperamento que carácter?

No. El temperamento es la capa innata y biológica de la reactividad emocional, mientras que el carácter es la que se construye después, con la educación y la experiencia.

¿Qué dimensiones del temperamento identificó Cloninger?

En su modelo de 1993, Claude Robert Cloninger describió cuatro dimensiones temperamentales: búsqueda de novedad, evitación del daño, dependencia de la recompensa y persistencia. A ellas añadió tres dimensiones de carácter que maduran más tarde: autodirección, cooperatividad y autotrascendencia. El instrumento que mide las siete, el Inventario de Temperamento y Carácter, se ha traducido y validado en numerosos países, España incluida.

¿Puede cambiar el temperamento a lo largo de la vida?

Solo parcialmente. Los rasgos más ligados a la reactividad emocional, presentes ya en los primeros meses de vida, tienden a mantenerse con fuerza. Un bebé especialmente irritable, por ejemplo, tiene más probabilidades de mostrarse cauteloso de niño que uno plácido desde el principio. Otros aspectos, sin embargo, se atenúan o se reorganizan a medida que maduran los circuitos cerebrales de autorregulación. La crianza, el vínculo afectivo temprano y las experiencias vividas no cambian el temperamento de raíz, pero sí modulan cómo se expresa en la conducta diaria. Los estudios con gemelos monocigóticos criados en hogares distintos muestran, de hecho, perfiles de temperamento sorprendentemente parecidos entre ellos.

Referencias

  1. Real Academia Española. Temperamento, Diccionario de la lengua española.
  2. Cloninger, C.R., Svrakic, D.M., Przybeck, T.R. "A psychobiological model of temperament and character". Archives of General Psychiatry, 1993;50(12):975-990.
  3. "Ernst Kretschmer". Encyclopaedia Britannica.
  4. "Temperament". Encyclopedia.com (Estudio Longitudinal de Nueva York de Thomas y Chess).

Entradas relacionadas

  • Carácter. La capa aprendida de la personalidad, que se construye con la educación y la experiencia.
  • Personalidad. El conjunto de rasgos que integra el temperamento innato y el carácter adquirido.
  • Colérico. Uno de los cuatro temperamentos de la teoría humoral clásica, asociado al predominio de la bilis amarilla.
  • Esquizotimia. Categoría temperamental de la tipología constitucional de Ernst Kretschmer, ligada al biotipo leptosómico.
  • Cerebrotónico. Uno de los tres temperamentos del sistema de William Sheldon, asociado al somatotipo ectomorfo.

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