DICCIONARIO MÉDICO
Paroxismo
El paroxismo es la exacerbación súbita y de máxima intensidad de un síntoma, un signo o una enfermedad: el punto más alto de una curva que, casi siempre, desciende con la misma rapidez con la que subió. El Diccionario de la lengua española recoge tres acepciones distintas, una de ellas hoy poco usada, y la medicina aplica el término en especialidades tan alejadas entre sí como la neurología, la cardiología o las enfermedades infecciosas para nombrar un mismo patrón temporal: aparición brusca, intensidad elevada y resolución relativamente rápida. La palabra desciende del griego παροξυσμός (paroxysmós), construido sobre pará (a lo largo de, junto a) y oxýs (agudo, afilado), con el sufijo -ismós propio del vocabulario médico griego para procesos patológicos. Esa raíz oxýs la comparte con oxígeno, con oxiuro o con acidez, palabras que a primera vista nada tienen que ver entre sí pero que remiten todas a la misma idea de agudeza o de filo. En origen no era un término médico. Paroxysmós significaba irritación o exasperación, y podía aplicarse a cualquier acaloramiento del ánimo. Fueron los médicos de la escuela hipocrática, en el siglo V antes de Cristo, quienes lo emplearon por primera vez con el valor clínico que conserva hoy: el momento de mayor virulencia de una enfermedad. La voz pasó al latín tardío como paroxysmus y de ahí, ya en castellano medieval, a paroxismo, con testimonios documentados hacia 1490. El diccionario académico distingue tres sentidos. El primero, de uso literario y coloquial, es la exaltación extrema de un sentimiento: un paroxismo de ira, de entusiasmo, de dolor. El segundo, el más frecuente en la práctica clínica, es la máxima intensidad de los síntomas de una enfermedad, como en la expresión paroxismo febril. El tercero designa algo distinto y hoy raramente empleado: un episodio grave en el que el paciente pierde el sentido y la capacidad de actuar durante un tiempo prolongado, un uso que se acerca más al antiguo sentido de crisis mortal que al de simple exacerbación. En neurología, hablar de un paroxismo suele equivaler a hablar de una crisis epiléptica: una descarga eléctrica cerebral anómala que se instala y remite en cuestión de segundos o minutos. El electroencefalograma registra esa actividad como una descarga paroxística, un patrón gráfico que da nombre a toda una categoría de hallazgos. La cardiología reserva el adjetivo derivado, paroxístico, para clasificar arritmias según su duración. Así, la fibrilación auricular paroxística es la que revierte a ritmo sinusal, de forma espontánea o tras una intervención, antes de que transcurra una semana; superado ese plazo sin revertir, el episodio cambia de categoría y pasa a llamarse persistente. Las enfermedades infecciosas también han incorporado la palabra a su nomenclatura. La tos ferina organiza su evolución en fases con nombre propio, y a la de mayor intensidad, la que sigue al catarro inicial y precede a la convalecencia, se la conoce como etapa paroxística. El paludismo dio nombre, a su vez, al paroxismo palúdico: el pico de escalofríos y fiebre que se repite cada 48 horas en las infecciones por Plasmodium vivax y P. ovale, y cada 72 en las causadas por P. malariae, ritmo que durante siglos sirvió para clasificar la enfermedad antes de conocerse su origen parasitario. El vértigo posicional paroxístico benigno añade un matiz distinto. Aquí paroxístico no describe la gravedad del cuadro (de hecho, es benigno por definición), sino lo repentino y lo breve del episodio: cada crisis dura menos de un minuto y se desencadena con un simple giro de la cabeza. Su vecina más próxima en este diccionario es crisis, con la que comparte terreno semántico pero no origen. Crisis viene del griego krínein, juzgar o decidir, y en su sentido hipocrático nombraba el momento en que una enfermedad se decantaba hacia la curación o hacia la muerte. Paroxismo no implica ningún desenlace: solo señala el punto de mayor intensidad, sin pronunciarse sobre lo que sigue después. Con agudo la relación es de otro tipo. Un proceso agudo se define por su duración total, habitualmente inferior a cuatro o seis semanas; un paroxismo, en cambio, es un episodio puntual dentro de un proceso que puede ser agudo, crónico o de cualquier otra naturaleza. La epilepsia ilustra bien la diferencia: es una enfermedad crónica, no aguda, que se manifiesta precisamente mediante paroxismos recurrentes. Tampoco equivale a convulsión. Una convulsión es una contracción muscular involuntaria y repetitiva. Un paroxismo puede cursar con convulsiones, como sucede en algunas crisis epilépticas, pero también sin ellas, como en las crisis de ausencia, que se manifiestan como una breve desconexión del entorno sin ningún movimiento anómalo. Del griego paroxysmós, formado sobre pará y oxýs (agudo). Los médicos hipocráticos del siglo V antes de Cristo fueron los primeros en emplearla con sentido clínico, y el castellano la incorporó ya en el siglo XV, con testimonios documentados hacia 1490. El francés, el italiano y el inglés tomaron formas muy parecidas (paroxysme, parossismo, paroxysm), todas descendientes de la misma raíz. No exactamente. La taquicardia paroxística supraventricular es una arritmia concreta, con un mecanismo eléctrico propio, que recibe el nombre de paroxística porque empieza y termina de forma brusca. Paroxismo, en cambio, es el término genérico del que se sirven decenas de diagnósticos distintos para describir ese mismo patrón temporal. La expresión es anterior al descubrimiento del parásito causante del paludismo. Antes de conocerse su origen, los médicos ya habían observado que la fiebre no subía de forma continua, sino en picos que se repetían a intervalos regulares y predecibles, y a cada uno de esos picos lo llamaron paroxismo. La periodicidad terminó siendo, de hecho, una pista diagnóstica: permitía distinguir entre las distintas especies de Plasmodium antes de que existiera ninguna prueba de laboratorio. Sí. En el lenguaje corriente describe un estado de exaltación emocional extrema (un paroxismo de risa, de furia). La volcanología, por su parte, distingue desde principios del siglo XIX entre erupciones permanentes, intermedias y paroxísticas, clasificación que propuso el geólogo británico George Poulett Scrope. Una erupción paroxística es la fase de actividad más violenta dentro de todo el ciclo eruptivo.Qué es el paroxismo
Un mismo término, usos distintos según la especialidad
Paroxismo, crisis y otros términos con los que se confunde
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede exactamente la palabra paroxismo?
¿Es lo mismo un paroxismo que una taquicardia paroxística supraventricular?
¿Por qué se dice paroxismo palúdico?
¿Se usa fuera de la medicina?
Referencias
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