DICCIONARIO MÉDICO
Renoscopia
La renoscopia es la exploración endoscópica del interior del riñón, en particular de la pelvis renal y los cálices, mediante un instrumento óptico introducido por vía percutánea a través de un trayecto abierto en el flanco. Se asocia sobre todo al tratamiento de cálculos renales de gran tamaño, aunque también tiene uso diagnóstico. El término combina el latín ren, renis ("riñón") con el sufijo griego -scopia, de skopein ("observar, examinar"). En la bibliografía urológica actual, el nombre más extendido para este mismo procedimiento es nefroscopia, construido sobre la raíz griega nephros en lugar de la latina; renoscopia es una forma sinónima, correcta pero de uso mucho más ocasional. Lo que define a la renoscopia frente a otras exploraciones urológicas es la vía de acceso: no entra por la uretra, sino por un trayecto creado expresamente a través de la piel y el parénquima renal hasta el sistema colector. Esa vía percutánea es la que la distingue de la ureterorrenoscopia, que alcanza el mismo territorio anatómico por la ruta natural de la uretra, la vejiga y el uréter. El acceso se planifica con control radiológico o ecográfico: se punciona un cáliz elegido según la localización del cálculo o de la lesión que se quiere estudiar, se introduce una guía de seguridad y, a partir de ella, se dilata progresivamente el trayecto con dilatadores fasciales o con balón hasta alojar una vaina de trabajo, habitualmente del tipo Amplatz. El renoscopio se introduce a través de esa vaina, no antes. La preparación previa suele incluir la colocación de un catéter ureteral, que permite opacificar el sistema colector y facilita la punción guiada; es un paso compartido con la técnica de la nefrolitotomía percutánea, con la que la renoscopia comparte buena parte del abordaje inicial. El primer antecedente reconocido data de 1941. Rupel y Brown introdujeron un cistoscopio rígido a través de un trayecto de nefrostomía ya establecido tras una cirugía abierta, con el fin de retirar cálculos residuales que habían quedado en el riñón. No existía todavía un instrumento diseñado para ese fin; se aprovechó uno pensado para otro propósito. Solo catorce años después llegó el acceso percutáneo buscado de forma deliberada. En 1955, Willard Goodwin, Winston Casey y William Woolf publicaron en el Journal of the American Medical Association la primera nefrostomía percutánea, realizada de forma casi accidental mientras intentaban una arteriografía renal en un riñón muy dilatado por hidronefrosis. Aquel acceso solo buscaba drenar la orina retenida, no observar ni tratar el interior del riñón. El salto decisivo llegó dos décadas más tarde. En 1976, Ingemar Fernström y Bengt Johansson describieron en el Scandinavian Journal of Urology and Nephrology la extracción de un cálculo a través de un trayecto de nefrostomía bajo control radiológico, sentando el origen de la nefrolitotomía percutánea moderna y, con ella, de la renoscopia entendida como procedimiento sistemático. La técnica original de Fernström y Johansson se realizaba con el paciente en decúbito prono, la posición todavía más habitual en muchos centros. En 1998, José Luis Valdivia Uría publicó una serie de 557 nefroscopias realizadas en decúbito supino, una alternativa que facilita el manejo anestésico y evita cambios de posición cuando el procedimiento se combina con maniobras retrógradas desde la uretra. Con más frecuencia, la indicación es terapéutica: la renoscopia sirve de vía de entrada para fragmentar y extraer cálculos grandes o de localización compleja, con energía ultrasónica, neumática o láser de holmio. Su uso diagnóstico es menos conocido pero real: permite inspeccionar directamente la pelvis renal y tomar biopsias de tumores del urotelio de la vía alta cuando la ureterorrenoscopia retrógrada no resulta técnicamente posible. La renoscopia no equivale a la nefrolitotomía percutánea: la primera es el acto de introducir el instrumento y observar el interior del riñón; la segunda añade a ese acceso la fragmentación y extracción del cálculo, y no siempre requiere una exploración endoscópica completa del sistema colector. Tampoco debe confundirse con la nefrostomía, que se limita a colocar un catéter de drenaje por el mismo trayecto percutáneo, sin instrumento óptico alguno. Sí. Ambas designan el mismo procedimiento; nefroscopia, formada sobre la raíz griega, es con diferencia la forma más usada en la bibliografía urológica en español. Por la vía de entrada. La renoscopia percutánea abre un trayecto directo desde la piel del flanco hasta el riñón; la ureterorrenoscopia asciende por la uretra, la vejiga y el uréter sin ninguna incisión. Clásicamente en decúbito prono, la posición de la técnica original de 1976. Desde 1998 existe también la alternativa en decúbito supino, descrita por Valdivia Uría. No. Aunque su indicación más frecuente es la litiasis renal, también se emplea para explorar y biopsiar el interior de la vía urinaria alta cuando el acceso retrógrado no es viable.Qué es la renoscopia
Cómo se accede al riñón
Antecedentes históricos
Decúbito prono o supino
Uso diagnóstico y terapéutico
Diferenciación con otros procedimientos
Preguntas frecuentes
¿Renoscopia y nefroscopia son la misma palabra?
¿Cómo se diferencia de la ureterorrenoscopia?
¿En qué posición se coloca al paciente?
¿Solo se usa para retirar cálculos?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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