DICCIONARIO MÉDICO
Terror nocturno
El terror nocturno es un episodio de despertar incompleto durante el sueño profundo, con gritos, agitación y signos de alarma vegetativa, del que la persona no llega a despertar del todo ni conserva recuerdo alguno. Ocurre casi siempre en la primera parte de la noche, cuando el sueño de ondas lentas predomina, y por eso se agrupa junto al sonambulismo bajo el nombre común de trastornos del despertar. El nombre latino, pavor nocturnus, une pavor (miedo, terror) y nocturnus (de la noche). Según el Oxford English Dictionary, el término entró en el vocabulario médico en la segunda mitad del siglo XIX y su primer uso documentado data de 1889, en los Albany Medical Annals. La palabra española terror nocturno es, en rigor, la traducción de esa etiqueta latina, no una denominación independiente. La clasificación del fenómeno tardó más que su descripción. En 1939, el fisiólogo del sueño Nathaniel Kleitman ya enumeraba el terror nocturno junto al sonambulismo, la somniloquia o el bruxismo dentro de un cajón de sastre que entonces se llamaba parasomnia, sin relacionarlos entre sí mecánicamente. Fue Roy Broughton quien, en un artículo de 1968 publicado en Science, demostró mediante registros electroencefalográficos que el terror nocturno y el sonambulismo no nacen del sueño REM ni de un contenido onírico elaborado, sino de un despertar brusco e incompleto desde el sueño de ondas lentas. Broughton acuñó para ese grupo el nombre de trastornos del despertar, una etiqueta que sigue usándose hoy. Durante el episodio, el cerebro no pasa de golpe del sueño a la vigilia. Algunas estructuras, las responsables de la activación motora y de la respuesta de alarma, se activan como si la persona estuviera despierta. Otras, en particular las redes corticales que sustentan la conciencia reflexiva y la formación de memoria, permanecen ancladas en el sueño profundo. De ahí el contraste que tanto desconcierta a quien presencia un episodio: ojos abiertos, gritos, taquicardia y sudoración, junto a una completa desconexión del entorno. Nadie recuerda nada al día siguiente, porque la memoria nunca llegó a registrar lo ocurrido. Esa disociación explica también por qué despertar activamente a la persona en pleno episodio no sirve de gran cosa y puede prolongar la confusión. El terror nocturno comparte origen fisiológico con el sonambulismo: ambos son trastornos del despertar que emergen del sueño de ondas lentas y afectan sobre todo a la infancia. Los separa la forma de expresarse: uno grita y se agita sin moverse de la cama, el otro deambula. No es raro que una misma persona presente los dos a lo largo de su vida, o incluso en la misma noche. Con la pesadilla la confusión es más frecuente entre el público general, aunque el mecanismo no podría ser más distinto. La pesadilla nace del sueño REM, suele producirse en la segunda mitad de la noche y deja un recuerdo vívido del contenido que asustó. El terror nocturno carece de guion narrativo que recordar, porque no hay ensoñación de la que despertar. También conviene distinguirlo de la jactatio cápitis, un movimiento rítmico de la cabeza que aparece en fases de sueño ligero y no en el sueño profundo del que surge el terror nocturno, y de las crisis epilépticas nocturnas, cuyos movimientos suelen ser más estereotipados y repetitivos que la agitación desorganizada de un episodio de terror. Es un fenómeno de la infancia. Según MedlinePlus, la franja de mayor incidencia va de los tres a los siete años, y la frecuencia disminuye de forma marcada a partir de los diez. En adultos puede aparecer asociado a la tensión emocional o al consumo de alcohol, aunque es bastante menos habitual. Existe un componente hereditario: tener un familiar con antecedentes de terror nocturno o de sonambulismo aumenta la probabilidad de presentarlo. La disomnia agrupa un tipo de trastornos del sueño distinto, el de la cantidad o el ritmo del propio dormir, frente a las parasomnias como el terror nocturno, en las que el sueño en sí mismo se conserva pero se ve interrumpido por un fenómeno anómalo. Del latín pavor, miedo o terror, y nocturnus, de la noche. Aunque describe un fenómeno conocido desde la antigüedad, la etiqueta médica en latín se documenta por primera vez en la literatura científica en 1889. Sí, aunque es raro. En la vida adulta suele relacionarse con la privación de sueño, el estrés o el alcohol, más que con la simple maduración del sistema nervioso que explica la mayoría de los casos infantiles. No. Ocurren en fases distintas del sueño, tienen un mecanismo distinto y, sobre todo, dejan una huella de memoria completamente diferente: la pesadilla se recuerda, el terror nocturno no. A veces, sobre todo si el episodio es intenso. Lo que más ayuda a separarlos es el patrón del movimiento: rítmico y estereotipado en la epilepsia nocturna, desorganizado y variable en el terror nocturno.Qué es el terror nocturno
Un despertar a medias
Diferenciación con otras parasomnias
Frecuencia y evolución con la edad
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre pavor nocturnus?
¿Un adulto puede tener terror nocturno?
¿Es lo mismo que una pesadilla?
¿Puede confundirse con una crisis epiléptica?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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