DICCIONARIO MÉDICO
Vía de la sensibilidad táctil
La vía de la sensibilidad táctil no es un único trayecto nervioso, sino dos, que recorren la médula espinal en paralelo y llevan al cerebro dos calidades distintas de tacto. Ambas empiezan en la piel y terminan en la corteza cerebral, pero se cruzan a alturas diferentes y pasan por estaciones distintas por el camino. Una lleva el tacto fino, discriminativo, capaz de reconocer una textura o la forma de un objeto sin mirarlo: es la vía de la columna dorsal-lemnisco medial. La otra transporta el tacto grosero, poco preciso, mezclado con la información de dolor y temperatura: es el sistema anterolateral, cuyo componente principal es el tracto espinotalámico anterior. La distinción entre ambas se remonta al siglo XIX, cuando los neuroanatomistas empezaron a diferenciar los fascículos de la columna posterior de la médula del resto de los tractos ascendentes. No fue un hallazgo simultáneo: primero se describió la anatomía de los cordones posteriores, y solo más tarde se entendió que existía una segunda ruta, anatómica y funcionalmente distinta, para una modalidad de tacto más rudimentaria. Todo empieza en un mecanorreceptor cutáneo. Según el estímulo, interviene el corpúsculo de Meissner (tacto ligero), el corpúsculo de Pacini (vibración y presión profunda) o el corpúsculo de Ruffini (estiramiento de la piel). La primera neurona, con su cuerpo en el ganglio de la raíz dorsal, entra en la médula y asciende sin cruzar por el cordón posterior del mismo lado. Ahí toma uno de dos caminos según de dónde venga la señal. Si procede de la mitad inferior del cuerpo, viaja por el fascículo grácil, también llamado fascículo de Goll en honor al neuroanatomista suizo Friedrich Goll (1829-1903); ocupa toda la longitud de la médula. Si viene de la mitad superior, va por el fascículo cuneiforme o de Burdach, bautizado así por el anatomista alemán Karl Friedrich Burdach (1776-1847), presente solo por encima del nivel T6. Ambos fascículos hacen su primera sinapsis ya en el bulbo raquídeo, no en la médula espinal: el grácil, en el núcleo grácil; el cuneiforme, en el núcleo cuneiforme. Ahí nace la segunda neurona, cuyos axones cruzan la línea media formando las fibras arcuatas internas. Una vez cruzadas, esas fibras se agrupan en un haz compacto, el lemnisco medial, que asciende por el bulbo, la protuberancia y el mesencéfalo hasta el núcleo ventral posterolateral del tálamo. Desde ahí, una tercera neurona proyecta hacia la corteza somatosensorial primaria del giro poscentral. El tacto grosero sigue un guion distinto desde el primer relevo. La primera neurona no asciende por la médula: hace sinapsis casi enseguida, en el asta posterior del mismo segmento en el que entra. La segunda neurona cruza al lado contrario a esa misma altura, no en el bulbo, y asciende ya cruzada como tracto espinotalámico anterior hasta el tálamo, donde converge con la vía anterior antes de proyectar también a la corteza somatosensorial. Que una vía cruce en el bulbo y la otra lo haga nada más entrar en la médula no es un detalle menor. Una lesión medular unilateral puede así separar clínicamente ambas sensibilidades: el lado de la lesión pierde el tacto fino, mientras que el lado contrario pierde el tacto grosero y el dolor, algo que la entrada decusación desarrolla con más detalle. No, aunque el nombre esté en singular. Bajo esa etiqueta conviven dos rutas anatómicamente independientes, y solo convergen al llegar al tálamo. La vía es el trayecto nervioso completo, desde el receptor cutáneo hasta el cerebro; la corteza somatosensorial es únicamente el destino final, donde la señal se convierte en percepción consciente. Para la organización interna de esa corteza, con su representación somatotópica del cuerpo, conviene consultar la entrada dedicada al área sensitiva. Porque cada uno se va sumando fibras a medida que la médula asciende. Las fibras de las piernas y el tronco inferior entran ya desde los segmentos lumbares y sacros, así que el fascículo grácil existe en toda la longitud medular; las del tronco superior y los brazos no aparecen hasta los segmentos torácicos altos y cervicales, por lo que el cuneiforme solo se forma por encima de T6. Comparte con ellas el esquema general de neuronas en cadena hasta la corteza, pero cada sistema sensorial tiene su propio relevo talámico y su propia zona cortical de destino; la vía olfatoria, de hecho, es la única sensibilidad que llega al córtex sin pasar antes por el tálamo.Dos rutas bajo un mismo nombre
La vía de la columna dorsal-lemnisco medial
El sistema anterolateral
Por qué importa dónde se cruzan las fibras
Preguntas frecuentes
¿Existe entonces una sola vía de la sensibilidad táctil?
¿Qué diferencia hay entre esta vía y la corteza somatosensorial?
¿Por qué el fascículo grácil ocupa toda la médula y el cuneiforme no?
¿En qué se diferencia de la vía olfatoria o de otras vías sensoriales?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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