Braquiterapia
Historia de Ana Paula

Niños contra el Cáncer

Andrea es madre de Ana Paula, niña de 4 años que ha superado un sarcoma ginecológico tras venir de Ecuador a la Clínica para un tratamiento con braquiterapia.

Son tres mujeres valientes, tres historias que se entretejen en una sola: la de Ana Paula, una niña de 4 años que a su corta edad le ha tocado vérselas con la cara más fea de la enfermedad. A su lado, su principal motor, Andrea, una madre coraje que no conoció obstáculo hasta dar con el tratamiento más eficaz del mundo para su pequeña. También siempre con ellas, Mercedes, madre y abuela, preocupada desde la distancia, posibilitó que el “aterrizaje” de Ana Paula en España y, más en concreto, en la Clínica fuese lo más confortable posible.

Diego, su padre, ha sido otro de los principales baluartes de la niña. El papito de Pau (como cariñosamente le llama Andrea) supo hacerle comprender y le  ayudó a desdramatizar la enfermedad y el tratamiento, adaptándolo a su lenguaje de niña: la quimioterapia eran súper poderes, el corte de pelo que él mismo le hizo fue para ponerle fashion e incluso llegó a colocarse un suero con vitaminas junto a ella para convencerle que así obtenían poder.

La alarma saltó hace un año y medio en Ecuador, cuando Ana Paula sólo contaba 3 años de edad. Un día su madre le observó un pequeño bulto en la zona urogenital. “Nos alertamos y la llevamos al médico. Le operaron entonces de un pólipo uretral con un diagnóstico patológico de pólipo benigno”, recuerda Andrea. A las dos semanas de llegar a casa, volvieron a comprobar cómo el bulto empezaba a crecer. “Nos volvimos a asustar porque el pólipo no había disminuido. La llevamos de nuevo a consulta y empezaron a hacerle exámenes más profundos.

Al final nos dijeron que era cáncer”. Las lágrimas empañan de nuevo los ojos de Andrea al recordar ese día. Con un diagnóstico severo ya asimilado, la familia comenzó a movilizarse. “Empezamos a informarnos y a pedir ayuda. En Ecuador teníamos una doctora muy buena, Doris Calle, que es la que nos mandó hacer una biopsia y otra serie de análisis y cuyos resultados nos confirmaron el diagnóstico de cáncer”. 

A partir de entonces ¿cómo sucedió todo?
La doctora Doris Calle actuó muy rápido también en colaboración con el urólogo pediátrico, el Dr. Jorge Ocaña. Tras la biopsia le colocaron el portacath e iniciaron el protocolo: Ana Paula empezó con su primera quimioterapia. Si no recuerdo mal, esto ocurrió a finales de octubre de 2015. Empezó con sesiones de quimioterapia cada quince días y después una vez al mes .Todo esto en Ecuador.

¿Cuál fue el pronóstico que les ofrecieron?
Desde el principio la doctora nos comentó que era muy común que el tumor no se redujese en su totalidad. Nos dijo que el mejor tratamiento para un caso así era la braquiterapia y nos aconsejó que buscásemos opciones para ver si lo hacían en el país o si debíamos preguntar fuera. Entonces empezó nuestra búsqueda por todo el país. Encontramos hospitales que aplicaban braquiterapia pero solo en adultos, no en niños.

Entonces decidieron mirar fuera de Ecuador.
Sí. Al final tuve que sacar a la niña del país. Nos pusimos en contacto con el doctor Felipe Calvo del Hospital de Marañón Gregorio Marañón y le mandamos todo el historial clínico a mi madre. Ella acudió a la consulta del Dr. Calvo y le llevó toda la historia clínica de Ana Paula. Fue él quien nos puso en contacto con el Dr. Martínez Monge de la Clínica. Fue toda una cadena, de un especialista a otro, hasta que llegamos al Dr. Martínez Monge de la Clínica Universidad de Navarra que justo estaba de vacaciones de verano.

¿Dudaron en decidirse a cruzar el Atlántico?
Reaccionamos enseguida y empezamos a solicitar visados, billetes de viaje y toda la documentación necesaria para viajar porque no teníamos nada. Fui al consulado explicamos el caso y nos dieron la visa. Todo se fue sucediendo de una manera natural, para poder tratar la enfermedad de Ana Paula.

¿Recuerda su llegada a la Clínica?
Hicimos el viaje bien y llegamos a la Clínica. El doctor Martínez Monge ya nos estaba esperando. Cuando fuimos ya sabíamos que la niña necesitaba braquiterapia. Los médicos de la Clínica estudiaron todas las pruebas y el protocolo que le habían aplicado en Ecuador. Nos confirmaron que todo era correcto y que no hacía falta hacer más pruebas para seguir avanzando con el tratamiento.

¿Cómo se sintieron?
Todos los profesionales de la Clínica nos ofrecieron mucha confianza, la que también sentimos con los equipos médicos de Ecuador. Estoy muy agradecida a todos.No tengo palabras para agradecer todo el apoyo y la confianza que hemos recibido en todo momento. No tengo palabras para agradecer todo el apoyo y la confianza que hemos recibido en todo momento.

Y comenzó el tratamiento de braquiterapia de Ana Paula.
El tratamiento era complicado porque había que aplicarle a la niña radioterapia en una zona muy delicada. Su tumor estaba localizado en la zona de la uretra hacia la vagina y la radiación podía estropear los órganos. Por eso se optó por la braquiterapia, porque es un método más preciso y directo hacia el tumor para no daña las zonas próximas. 

Con solo 4 años, quimioterapia y después braquiterapia. ¿Cómo se le explica a una niña tan pequeña un tratamiento tan complejo y severo? Nunca le conté mentiras sobre el tratamiento, ni sobre lo que le iba a ocurrir. Siempre le dije que con la quimioterapia se le iba a caer su pelito. También los cambios que iba a tener. Por eso siempre supo qué le iban a hacer. Solo le adornamos un poco las sesiones de quimioterapia a la que llamábamos súper poderes.

¿Encaró bien el tratamiento?
En muy pocos momentos la vi realmente decaída. Durante casi todo el tratamiento estuvo con una sonrisa, cantando y bailando Frozen, la película de Disney. Siempre estuvo llena de energía, alegre y feliz, cantando, bailando y hablando como siempre. La verdad es que lo ha llevado muy, muy, muy bien.

¿Y la familia?
Creo que la familia lo pasó peor. Yo siempre tuve la fe y la confianza más grande y nunca me dejé caer por nada.

¿De dónde sacaba usted fuerzas?
Yo seguía en pie porque tenía dos opciones o seguir llorando o, como soy fuerte, seguir adelante. En febrero tuvimos la primera consulta de revisión y nos comunicaron que la niña estaba muy bien y que íbamos por el buen camino. Estamos muy felices no nos lo podíamos creer. La verdad es que hasta ese día no creímos que todo esto fuera realidad.

¿Tiene una valoración de su estancia en la Clínica?
Estoy muy agradecida y durante las dos semanas que Ana Paula estuvo ingresada todo el mundo nos daba ánimos y nos ayudaba. Nosotros tomamos la decisión de quedarnos aquí un tiempo hasta ver qué pasaba con las revisiones iniciales que tenían que hacerle en la Clínica para poder asegurarnos completamente que todo iba por el buen camino. Por eso nos quedamos en casa de mi madre, que vive en Ponferrada.

Su madre, Mercedes, también estuvo pendiente.
Mi madre estuvo al principio del diagnóstico y tratamiento en Ecuador. Pero luego se tuvo que volver a España. Pero siempre ha estado muy atenta a todo lo que le ocurría a Ana Paula. A través del teléfono llamaba continuamente para saber cómo estaba la niña de sus ojos. Mi madre estaba decaída. Creo que el día que nos dijeron que estaba todo bien es el día que mi madre empezó a vivir.

¿Ha cambiado en algo su percepción de la vida?
En estas situaciones te das cuenta de que la vida vale mucho más. De que hay cosas más importantes. Hay algo que yo aprendí también que todo esto, lo digo por la niña: no hay que dejar nada para después. Aunque, por un lado, Ana Paula lo ha pasado mal, por otro lado pienso que le va a servir mucho a ella, más adelante. Porque hay cosas que no se pueden olvidar.