DICCIONARIO MÉDICO
Vacuna
La vacuna es un preparado biológico que contiene antígenos capaces de inducir una respuesta inmunitaria específica frente a un agente infeccioso, sin producir la enfermedad que ese agente causa de forma natural. Al exponer al organismo a una versión debilitada, inactivada o parcial del patógeno (o a las instrucciones genéticas para fabricar uno de sus componentes), entrena al sistema inmunitario para reconocerlo y neutralizarlo con rapidez si se produce un contacto real en el futuro. El término conserva un origen curioso. Procede del latín vaccinus, "relativo a la vaca", y llegó a la medicina en 1796, cuando el médico rural inglés Edward Jenner inoculó a un niño de ocho años, James Phipps, con material extraído de las lesiones de una ordeñadora que había contraído viruela bovina (variolae vaccinae). Phipps quedó protegido frente a la viruela humana. Jenner publicó sus 23 primeros casos en 1798, bajo el título An Inquiry into the Causes and Effects of the Variolae Vaccinae. La palabra "vacuna" ya circulaba en español antes de 1800. Fue casi un siglo después, con Louis Pasteur y sus trabajos sobre el cólera aviar y la rabia, cuando el término dejó de referirse en exclusiva a la viruela bovina y pasó a designar cualquier preparado capaz de generar inmunidad frente a una enfermedad infecciosa, tuviera o no relación con las vacas. Desde el punto de vista farmacológico, una vacuna es un producto biológico, no un fármaco de síntesis química. Su ingrediente activo es el antígeno: la molécula o estructura que el sistema inmunitario aprenderá a reconocer como ajena. Cuando el antígeno vacunal entra en el organismo, las células presentadoras de antígeno lo captan y lo muestran a los linfocitos T y B. Estos últimos, si reconocen la estructura como extraña, se multiplican y producen anticuerpos específicos contra ella. Una parte de esos linfocitos no desaparece cuando el estímulo cede: queda como células de memoria, capaces de reactivarse en días (no semanas) ante un segundo contacto con el mismo patógeno. Este mecanismo se llama inmunización activa, porque es el propio organismo quien fabrica sus defensas. Se diferencia de la inmunidad pasiva, en la que se administran anticuerpos ya formados (por ejemplo, mediante una inmunoglobulina) para lograr protección inmediata pero temporal, sin que el sistema inmunitario del receptor participe en su fabricación. Algunas vacunas incorporan además un adyuvante, una sustancia sin capacidad antigénica propia cuya única función es intensificar la respuesta inmunitaria frente al antígeno principal. La forma más habitual de clasificar las vacunas atiende a la tecnología con la que se fabrican. Las vacunas vivas atenuadas contienen el microorganismo completo, debilitado hasta perder su capacidad de causar enfermedad pero conservando la de multiplicarse brevemente y estimular una respuesta inmunitaria potente y duradera. El sarampión, la rubéola, la parotiditis o la fiebre amarilla se previenen con vacunas de este tipo. Las inactivadas emplean el microorganismo completo, muerto mediante calor o agentes químicos. No pueden replicarse ni, por tanto, revertir a una forma virulenta, pero inducen una respuesta más débil y suelen requerir varias dosis. Es el caso de la vacuna inyectable de la poliomielitis. Un tercer grupo, el de las vacunas de subunidades, conjugadas o polisacáridas, no emplea el microorganismo entero, solo un fragmento suyo (una proteína de superficie, un polisacárido capsular) capaz de desencadenar la respuesta sin arrastrar el resto de su maquinaria biológica. El neumococo o la hepatitis B recombinante se previenen con vacunas de este tipo. Los toxoides no atacan al microorganismo en sí, sino a la toxina que produce: se trata de esa misma toxina, inactivada químicamente hasta perder su capacidad dañina pero no su forma reconocible. Es el principio detrás de las vacunas frente al tétanos y la difteria. Finalmente, las vacunas de ácido nucleico no contienen antígeno alguno, sino la información genética (ARN mensajero o ADN, a veces incluida en un vector viral) para que las propias células del receptor lo fabriquen transitoriamente. Es la tecnología que alcanzó mayor visibilidad pública durante la pandemia de COVID-19, aunque su desarrollo es anterior. Conviene no confundirlos. La vacuna es el producto biológico; la vacunación es el acto médico de administrarlo. Una vacuna puede existir sin que se haya vacunado a nadie con ella; la vacunación, en cambio, siempre presupone una vacuna concreta. Esta distinción no es solo terminológica. Los programas de vacunación sostenidos a lo largo de décadas son los que han conseguido lo que ninguna vacuna aislada podría lograr por sí sola: la erradicación mundial de la viruela, certificada por la Organización Mundial de la Salud en 1980, sigue siendo hasta la fecha el único caso de una enfermedad infecciosa humana eliminada por completo del planeta. Por herencia histórica. El nombre nació en 1796 ligado de forma literal a la viruela de las vacas, y se mantuvo un siglo después cuando Pasteur lo extendió a preparados que ya nada tenían que ver con el ganado bovino. El lenguaje médico conserva a menudo el fósil de su propio origen. No. Las vivas atenuadas suelen dar una inmunidad más intensa y duradera con menos dosis, precisamente porque imitan mejor una infección natural. Las inactivadas y las de subunidades son más seguras en personas con el sistema inmunitario comprometido, pero exigen dosis de recuerdo con mayor frecuencia. Depende de cuánto se parezca el estímulo vacunal a una infección real. Un microorganismo vivo atenuado se multiplica dentro del cuerpo y prolonga por sí mismo la exposición al antígeno; un fragmento inactivado desaparece en cuestión de días, así que hacen falta dosis repetidas para consolidar la memoria inmunológica. En las inactivadas, de subunidades, toxoides o de ácido nucleico, no: no contienen microorganismo vivo capaz de reproducirse. En las vivas atenuadas, el riesgo existe en teoría, pero es extraordinariamente bajo, y por eso este tipo de vacunas se evita en personas con inmunodepresión grave. El suero no es una vacuna. Contiene anticuerpos ya fabricados (por un animal o en laboratorio) que se administran directamente al paciente: es inmunidad pasiva, de acción inmediata pero pasajera. La vacuna, en cambio, enseña al propio organismo a fabricar sus defensas, con una protección que tarda más en instaurarse pero que puede durar años.Qué es una vacuna
Cómo genera inmunidad
Clasificación
Vacuna y vacunación, dos términos distintos
Preguntas frecuentes
¿Por qué una vacuna se llama así si no tiene relación con las vacas?
¿Todas las vacunas generan el mismo tipo de protección?
¿Por qué algunas vacunas se administran en una sola dosis y otras necesitan varias?
¿Puede una vacuna provocar la enfermedad que pretende prevenir?
¿Qué diferencia hay entre una vacuna y un suero antiofídico o antitetánico?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026